No dejan de lloverle críticas, desde la siempre turbulenta esfera política colombiana, al Tigre Abelardo de la Espriella por su solicitud al Congreso de la República de Colombia de trasladar el lugar de su posesión presidencial de la Plaza de Bolívar, en Bogotá, a la Arena USC, en Santiago de Cali.
§ 2. En efecto, para los izquierdistas, este traslado es una traición a la tradición, para los centristas, un mero capricho, y para ciertos derechistas, un gasto innecesario. A pesar de las críticas, el Congreso aprobó la solicitud del Tigre, cuya proposición fue promovida, en el Senado, por Enrique Gómez y, en la Cámara, por Carol Borda, ambos congresistas por Salvación Nacional.
§ 3. ¿Traición, capricho, gasto? ¿Realmente están justificadas las críticas al Tigre? Respuesta corta: no. Ahora abordemos la respuesta larga.
§ 4. Sin lugar a dudas, el traslado del lugar de la posesión presidencial del Tigre Abelardo de la Espriella a la ciudad de Cali, la capital del departamento del Valle del Cauca, no es un acto de traición a la tradición democrática colombiana, sino un acto de lealtad hacia su esencia misma, ya que reivindica el artículo primero de nuestra Constitución Nacional, sobre todo en su aspecto descentralizador, recordémoslo:
“Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales”.
§ 5. Como todos lo podemos atestiguar, en la era del Tigre, la descentralización de Colombia dejará de ser, desde su primer día, un sueño constitucional para ser una realidad constitucional que les permitirá a las diferentes regiones del país poseer una verdadera autonomía política, económica, ¡y hasta cultural! Y si este último aspecto nos parece sorprendente, es porque durante años hemos subestimado la inmensa e insana influencia del degenerado bogocentrismo wokista sobre la cultura originaria de las regiones.
§ 6. Así que el compromiso del Tigre Abelardo de la Espriella con la descentralización de Colombia está más que claro con su posesión presidencial en la llamada “Sucursal del Cielo”. Ahora bien, este auténtico acto descentralizador refuta de inmediato la crítica de que el traslado de la posesión presidencial de Bogotá a Cali no obedece a una necesidad estatal, sino a un capricho personal del Tigre —quien, por cierto, ha demostrado, una y otra vez, que está lejos de actuar de manera caprichosa en los asuntos más importantes—.
§ 7. De hecho, si lo meditamos con cuidado, el Tigre está renunciando a la caprichosa pompa y circunstancia del acto de posesión presidencial tradicional que hace ver al presidente de Colombia no como un servidor del pueblo, sino como una suerte de rey al que el pueblo debe servirle por obra y gracia de un falso endiosamiento personal. Tal parece que, a los que insisten en esta crítica, se les olvidó esta parte fundamental de nuestro bello himno nacional:
“Pero este gran principio: ‘El rey no es soberano’ / Resuena, y los que sufren / Bendicen su pasión”.
§ 8. Finalmente, sobre la crítica de que este acto descentralizador del Tigre es en realidad un gasto innecesario para la Nación, esta pronto se cae cuando la comprendemos desde la perspectiva de una inversión a largo plazo. Así es, ¡qué mejor campaña de publicidad para la región Pacífica, tan olvidada y despreciada por los bogocentristas, que el presidente de Colombia se posesione en una de sus ciudades insignia! Cali será noticia mundial, y sin duda, su presencia quedará grabada no solo en la historia de nuestro país, sino en la memoria de los inversionistas y turistas nacionales e internacionales, quienes ayudarán, con gran probabilidad, a recuperar el dinero estatal invertido.
§ 9. Colombianos, pueden estar tranquilos, el Tigre Abelardo de la Espriella ha tomado una gran decisión: la descentralización de Colombia será una realidad, y los bogocentristas, ¡a llorar al mono de la pila!
¡FPLP!
Biografía: Dialéctico (@Spoudaiogeloion en 𝕏) es doctor en filosofía, actualmente trabaja en un contrarrevolucionario libro sobre la dialéctica del bien, la única vacuna real contra el virus woke y su dialéctica marxista.





