Colombia entierra a sus muertos mientras intenta levantar lo que el terremoto de magnitud 7.4 derribó en cuestión de segundos. El decreto de tres días de duelo nacional es un gesto necesario; la verdadera prueba es lo que ocurra después.

Coordinación antes que anuncios

La declaratoria de desastre nacional y el decreto de emergencia económica abren la puerta a mecanismos extraordinarios de gasto. Bien usados, aceleran la respuesta. Mal usados, se convierten en el terreno más fértil para la corrupción. La lección de emergencias anteriores en el país es inequívoca: sin trazabilidad de cada peso, la reconstrucción termina en escándalo.

La ayuda no tiene ideología

El canciller salió a negar que Colombia hubiera rechazado ayudas internacionales y afirmó que se trabaja con todos los países "sin ninguna consideración ideológica ni política". Es la posición correcta y debe sostenerse en los hechos: en una catástrofe, la cooperación se acepta y se audita, no se filtra por afinidades.

Dos agendas a la vez

El Gobierno gestiona la emergencia mientras despliega su agenda de seguridad, con operativos que dejaron abatidos a cabecillas de las disidencias y del Clan del Golfo, y con la autorización de operaciones conjuntas con Estados Unidos. Son decisiones de fondo que merecen debate público propio y no deberían tramitarse al amparo del duelo.

Lo que pedimos

Datos oficiales diarios y verificables, un tablero público de recursos y contratos, censos de damnificados con criterios claros y rendición de cuentas periódica. La solidaridad ciudadana ya respondió. Le corresponde al Estado estar a la altura.

By Viral 24