Dos semanas después del terremoto de magnitud 7,4, el foco de la emergencia empieza a desplazarse de los escombros a la salud pública. Las autoridades sanitarias reforzaron la vigilancia epidemiológica en las zonas afectadas ante el riesgo de brotes asociados al hacinamiento en albergues y al daño en los sistemas de acueducto y alcantarillado.
Los riesgos principales
- Enfermedades diarreicas agudas, por consumo de agua no tratada.
- Infecciones respiratorias, favorecidas por el hacinamiento en alojamientos temporales.
- Dengue y otras enfermedades transmitidas por vectores, por la acumulación de agua en recipientes y escombros.
- Infecciones en heridas de personas rescatadas o que participan en la remoción de escombros.
Qué se está haciendo
Se instalaron puntos de atención en carpas y hospitales de campaña, se distribuyen tabletas potabilizadoras y se adelantan jornadas de vacunación en albergues, con énfasis en tétanos, influenza y esquemas atrasados en niños.
Recomendaciones para la población
Hervir o tratar el agua antes de consumirla, lavarse las manos con frecuencia, eliminar recipientes con agua estancada, no automedicarse y consultar de inmediato ante fiebre persistente, diarrea con sangre o dificultad para respirar.
La atención en salud mental también fue priorizada: las brigadas psicosociales acompañan a familias que perdieron vivienda o seres queridos.





